Chandler y el alcohol

chandlerA veces los grandes novelistas surgen detrás de la desgastada ventanilla de un banco, o del marginal escritorio de una oficina de burócratas de provincia, tipos grises de carcasa destilando genio abandonado, a punto de explotar con la debida combinación de nudillos en la puerta y un trago del whisky más amargo.

A Raymond Chandler no le fueron a llamar para reconocerle su inmenso talento aquella mañana sino para echarle a la calle de forma impúdica, ex ejecutivo del mundo del petróleo desde entonces y afiliado a una máquina de escribir poco después. La depresión del 29 le acercó a su verdadero motivo en la vida y a una botella, siempre con el trago en la mesa hasta alcanzar ese punto álgido de embriaguez que le diera la brillantez suficientes a sus textos.

Dicen que así parió su primera gran novela policiaca, negra, o la primera simplemente, cuando ya parecía demasiado tarde. Cuesta creer que un genio sarcástico y endemoniado, de frases rotundas continuas, tardase 51 años en publicar su primer novela, ‘El sueño eterno’, de 1939, un hecho histórico del que da fe Tom Williams en una biografía sobre el escritor, angelino empedernido aunque nacido en Chicago.

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