Dos casos para Manabu Yukawa

En ocasiones veo cómo mis oraciones son atendidas: apenas medio año después de escribir que me gustaría leer más novelas de Keigo Higashino sin tener que aprender japonés, llega Ediciones B y saca una nueva entrega de las historias criminales (facción novela enigma) protagonizadas por Manabu Yukawa

Porque era septiembre de 2012 cuando acababa de leer una sorprendente novela titulada La devoción del sospechoso X de la que ya escribí en mi blog personal. Una novela en la que, ya en el primer capítulo, el lector conocía el quién, el cómo y el porqué del asesinato que se trataba de investigar y, sin embargo, el autor conseguía mantener la intriga desde la primera a la última página: detrás de un crimen desvelado a las primeras de cambio era fácil intuir que había más, mucho más. Entre otras cosas un duelo matemático entre el investigador aficionado, el profesor de física Yukawa, y el vecino desinteresado siempre dispuesto a ayudar a la pareja responsable del crimen en cuestión, el profesor de matemáticas Ishigami. Un duelo que solo se resolverá en las últimas páginas con un desenlace tan lógico como inesperado.

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Y es en marzo de 2013 cuando tengo ocasión de leer La salvación de una santa, novela que responde al mismo esquema y en la que, nada más empezar, sabemos quién va a morir, quién le va a matar y, más o menos, cómo y por qué va a hacerlo.

Más o menos. Más o menos.

Porque, como en la primera, en esta segunda entrega protagonizada por Yukawa, la aparente claridad de las aguas en las que deben moverse los investigadores también ocultan el mar de fondo en el que se encuentra la raíz del crimen cometido, y solo llegando hasta el final conoceremos realmente ese cómo y ese porqué que constituye la razón de ser de la novela.

Novela que, por otra parte, sirve para comprender que en todas partes cuecen habas. Vaya, que en cualquier latitud y longitud se mata más o menos por lo mismo: amor, odio, celos, dinero… Bueno, en todas partes menos en los países nórdicos, que ya sabemos la tendencia que muestran los asesinos en serie altos y rubios (tan abundantes por aquellos hielos, al parecer) a matar por el simple placer de tocar las pelotas al policía de turno.

Pero eso ya es otra historia. De La salvación de una santa, que es lo que ahora nos ocupa, puedes leer algo más en Calibre .38.

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