Un Scerbanenco joven pero igualmente recomendable

Ni es la primera vez que escribo sobre Giorgio Scerbanenco ni es la primera vez que confieso mi admiración por el italiano de Kiev. Lo hice cuando Almuzara editó esos veinte estupendos relatos de amor y muerte que componen el libro Matar por amor, cuando decidí releer las cuatro novelas protagonizadas por su personaje estrella, el médico Duca Lamberti o cuando, con motivo del viaje literario-criminal que estábamos contando en Calibre .38 nos tocó visitar Milán, precisamente de la mano de Lamberti.

Y cuando escribía unas líneas sobre las cuatro de Duca Lamberti pensaba en el marronazo que le había caído a la gente de Akal al decidir reeditar esas novelas, que yo tenía en su edición setentera-ochentera. Digo marronazo porque el lenguaje utilizado por Scerbanenco en aquellos títulos era de todo menos políticamente correcto, con lindezas como como mutante, invertido, pederasta o monstruo para referirse a un homosexual, o como subnormal para lo que solemos llamar actualmente disminuido psíquico.

Pero esas cuatro novelas son solo una pequeñísima muestra de todo lo que salió de las manos del de Kiev, más de cincuenta novelas -algunas de ellas editadas en España en los ochenta en la ya mítica colección El Club del Misterio, como Las princesas de Acapulco o Te llevaré a ver el mar– y decenas de relatos no siempre de temática criminal.

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Cinco de ellas componen una serie de la que no había leído nada -solo una fue editada en nuestro país en los setenta por Bruguera- y que transcurre en la ciudad de Boston. Cinco novelas -y algunos relatos- escritos entre 1940 y 1942 y protagonizados por un empleado de la policía (no llega a ser agente o detective, su relación con el Cuerpo es algo así como la de asesor o ayudante) llamado Arthur Jelling y con un narrador en la sombra, que es quien nos da cuenta del avance de sus investigaciones, el profesor de psicopatología Berra.

Akal, como hiciera con las de Lamberti, comienza su recuperación o, al menos, edita por primera vez en España una de ellas, la segunda de la serie: La muñeca ciega (La bambola cieca, 1941). Una novela, desde luego, muy diferente a las de Lamberti, más cómoda, más burguesa, previa a eso que decía Chandler sobre Hammett acerca del jarrón veneciano arrojado a los sucios callejones como explicación del paso de la novela policíaca a la negra negrísima.

La muñeca ciega es, no obstante, una historia un tanto atípica que se aparta de los cauces clásicos de la novela enigma si bien tiene mucho de ella. Parte de la denuncia presentada por un médico que ha sido amenazado de muerte si accede a operar -y devolver la visión- a un millonario bostoniano, debiendo por tanto Jelling comenzar a investigar un crimen que todavía no se ha cometido, poniendo bajo la lupa -como mandan los cánones- a todo aquel que pudiera beneficiarse de la ceguera permanente del millonario: su hermano, su prometida, otros doctores celosos del presumible éxito de la intervención, un par de vividores que se mantienen a su costa…

Todo ello a golpe de puritita intuición e incluso siguiendo el cuestionable método de ensayo y error, con un lenguaje y modales mucho más educados y exquisitos que los marca Lamberti, para dar como resultado una novela muy interesante a pesar de no ser de lo mejor que servidor ha leído de Scerbanenco -recordemos que es una de sus primeras novelas e incluso los genios deben pasar por un proceso de aprendizaje- y que, considero, no debería faltar en la biblioteca de quienes, como yo, nos declaramos devotos de uno de los mejores escritores que ha dado la literatura criminal. El precio, 9.50 euros, todavía anima más a ello.

De paso, una petición a la editorial: no me importaría nada seguir completando esta serie de Arthur Jelling. Sin prisas, pero sin pausas, como decía aquel.

La muñeca ciega
Giorgio Scerbanenco
Trad.: Cuqui Weller
Akal

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One thought on “Un Scerbanenco joven pero igualmente recomendable

  1. Desde aquí, desde tu página, felicitar a Akal. Está recuperando para quienes en su día no leyeron/leímos a: Horace Mc Coy, Scerbanenco, Izzo y a nuestros queridos autores “pulps” que han recibido tan poca atención en los medios.

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