10 razones para poner en un altar a Maj Sjöwall y Per Wahlöö

Los escritores Maj Sjöwall y Per Wahlöö crearon en los años sesenta a uno de los personajes míticos de la literatura criminal, el policía Martin Beck, además de plantar la semilla del género negro en los países nórdicos. Lástima que esa semilla no fuera debidamente regada y, lejos de producir un fruto de calidad, lo que nos ha proporcionado unas décadas después a los aficionados al género no sea más que cantidad de malas hierbas -eso sí, muy bien vendidas- salvo las honrosas excepciones que constituyen algunas novelas de Henning Mankell, la totalidad de la obra de Leif GW Persson -de quien ya he escrito aquí y aquí-, el joven y ya consagrado Jens Lapidus y algún otro autor como Ake Edwardson o, por citar a un no sueco, el islandés Arni Thorarinsson. Casi todos los demás, si por mi fuera, ni para forraje.

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Protagonista de diez novelas imprescindibles -y cortas, no como lo que ahora se estila en esa obsesión editorial de vender a peso sin importar la calidad del producto-, Martin Beck se caracteriza por no tener ningún rasgo distintivo. Es un policía normal, funcionario del Estado, con gustos corrientes y relaciones familiares consecuentes con esa profesión que le mantiene a menudo alejado de su mujer e hijos -cada vez la distancia entre Martin e Inga, su mujer, es mayor pero sin odios ni episodios tormentosos, simplemente apatía y desentendimiento-, es decir, todo lo contrario a la moda actual de polis con pasado truculento y gustos carísimos imposibles de mantener con un sueldo de la administración. No le gusta el jazz -de hecho, no sabemos qué tipo de música le gusta si es que le gusta algún tipo de música- ni los vinos con denominación de origen, se marea cuando viaja en tren, metro o coche, no resuelve los casos gracias a su inteligencia excepcional sino a fuerza de trabajo duro y, también, rutinario…

Un madero de los de antes. Un madero de los de hoy. Un madero real, sin más.

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Y unos casos a resolver que nada tienen que ver con esos asesinos seriales que tanto parecen abundar hoy en día en Suecia y alrededores, con unos temas y tramas que, casi cincuenta años después de ser desarrolladas, están de plena actualidad. De hecho, recuerdo haber leído algunas de ellas en los ochenta –Roseanna y El coche de bomberos que desapareció, entre otras- y me parecieron totalmente pegadas a la realidad del momento; decido releer lo leído y leer lo que tenía pendiente treinta años más tarde y sigo pensando que cualquiera de las tramas podrían acabar de contarla en el Telediario Última Edición.

Diez novelas, por tanto, absolutamente frescas, que no es que hayan envejecido bien, es que ni siquiera han envejecido.

Diez maravillas, diez motivos -al menos- por los que Sjöwall y Wahlöö, Wahlöö y Sjöwall, deberían tener un altar en cada uno de los hogares de quienes nos consideramos amantes del género negro. Por orden de escritura (y de lectura recomendada):

  1. Roseanna (Roseanna, 1965)
  2. El hombre que se esfumó (Mannen som gick upp i rök, 1966)
  3. El hombre del balcón/El maniaco (Mannen på balkongen, 1967)
  4. El policía que ríe / El alegre policía (Den skrattande polisen, 1968)
  5. El coche de bomberos que desapareció (Brandbilen som försvann, 1969)
  6. Asesinato en el Savoy (Polis, polis, potatismos!, 1970)
  7. El abominable hombre de Säffle / Un ser abominable (Den vedervärdige mannen från Säffle, 1971)
  8. La habitación cerrada (Det slutna rummet, 1972)
  9. El asesino de policías / Muerte de un policía /Asesino de policías (Polismördaren, 1974)
  10. Los Terroristas (Terroristerna, 1975)

Nota al pie: la relación de novelas con sus títulos originales está tomada del blog de Alice Silver, Mis detectives favoritos, que, cómo no, también tiene una entrada dedicada a Martin Beck.

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3 thoughts on “10 razones para poner en un altar a Maj Sjöwall y Per Wahlöö

  1. Acabo de leer El hombre que se esfumó y sigo pensando que las novelas e Wahlöö y Sjöwall son de lo mejorcito que he leído. Siguen siendo buenas ahora, pero si recuerdas que se escribieron hace 40 años, son extraordinarias, por que en esos libros hay cosas que no habían estado antes en los libros, hay historias y personajes que no habían sido material literario y después lo han sido para escritores de todo el mundo. Estoy disfrutando mucho leyendo esta serie, mucho.

  2. En efecto, al margen de la indudable calidad literaria de estas novelas, una de las claves es la atemporalidad de las tramas, totalmente vigentes, y la naturalidad del protagonista que, en cierto modo (en cuanto a comportamiento y métodología) me recuerda en algo al comisario Maigret (si bien este sabía disfrutar más de la vida), otro por el que pasan los años bastante bien

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