Un muerto, setecientas páginas y un desenlace de juzgado de guardia

Hace unas semanas llegaba a casa Ojos de hielo, la primera novela de la escritora catalana Carolina Solé, publicada por Planeta y, por lo visto, acompañada de una completa operación publicitaria que incluía el envío de ejemplares a numerosos blogs con querencia por lo criminal, práctica habitual de muchas editoriales en los últimos tiempos, algo que se agradece, por cierto.

Uno es perro viejo -más de 30 años leyendo casi exclusivamente novela negra, policíaca o como queramos llamarla creo que son suficientes para autocalificarse como tal- y, de entrada, desconfiado. O más bien reticente, remolón a la hora de acometer la lectura de más de setecientas páginas en una novela de este género, algo que solo permito a consagrados como James Ellroy, Dennis Lehane o Don Winslow, por poner tres ejemplos de tipos que ya no tienen nada que demostrar y que se pueden dar ese capricho y muchos más.

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Al poco, leía en Twitter la propuesta hecha por un buen lector a quien tengo el gusto de seguir de iniciar una lectura simultánea de esta novela. Fui amablemente invitado a unirme al “club” y amablemente escurrí el bulto. “Mira, que es que 700 páginas son muchas páginas, que estoy mayor para según qué cosas, que le he echado un ojo y que no me pinta nada bien. Mejor lo leéis vosotros y luego yo ya, si eso…”

El tiempo me dio la razón: pocos días después de iniciada la lectura por parte de esos cuantos atrevidos comenzaba a ver en mi timeline comentarios como “bodrio insoportable”, “desenlace de juzgado de guardia”, “de negra, nada de nada” y demás lindezas. “¿Y ahora qué hago yo?”, me dije. “¿Lo cuento, me callo?”

Pues creo que hay que contarlo, pero ya no por criticar la labor de la escritora -escribir una novela, al margen de su extensión, ya supone un esfuerzo que hay que tener en cuenta- sino la de la editorial que, como en tantos casos últimamente y además de no cumplir con su cometido de editar (es decir, corregir, asesorar, sugerir, revisar… y, finalmente, publicar), ha hecho un uso interesado de la etiqueta “negra” para colocarnos algo que no lo es -o no lo parece ser, repito que no la he leído ni pienso hacerlo pero me fío del criterio de quienes sí lo han hecho- aprovechando que ahora, como a finales del siglo pasado sucedió con la novela histórica, todo lo que lleva un muerto entre portada y contraportada vende. Y ese uso y abuso nos está llevando a una burbuja criminal que, como ha sucedido con la inmobiliaria, tal vez haya que ir pensando en desinflar poco a poco antes de que nos explote en las manos. Aunque solo sea por respeto a los Hammett, Chandler, Thompson, MacDonald, McBain, Vázquez Montalbán, Camilleri, Márkaris, Ellroy, Lehane, Martín, Winslow, Koryta, Paretsky…

Y ahora, si te interesa la opinión de un buen lector de género negro que sí ha hecho los deberes -no como yo-, aquí tienes lo que Aramys Romero ha escrito de Ojos de hielo en su blog Viaje alrededor de una mesa. Luego ya, si eso, tú mismo.

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2 thoughts on “Un muerto, setecientas páginas y un desenlace de juzgado de guardia

  1. En la libreria donde trabajo lo hemos tenido que devolver prácticamente todo (que no era poco. ya que el repesentante de planeta convenció a mis jefes de que se nos iban a acabar los 300 ejemplares). Cuando dentro de dos meses lo salden a 5.95 seguro que se vende.

  2. Bueno, Vanesa, eso tal vez se deba a que los bolsillos andan escasos de efectivo o a que la gente selecciona más de lo que parece a pesar de los bombardeos publicitarios. Si es esta última razón me alegro, si es por lo del bolsillo…

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