La verdad sobre la limpieza étnica

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El escritor danés Jussi Olsen-Adler en Barcelona. | EL MUNDO

Laura Fernández | Barcelona

Sonriente y con un vaso de sangría en la mano, Jussi Olsen-Adler (Copenhague, 1950) parece haber dejado atrás toda la oscuridad que, dice, trata de encerrar en sus libros, a la manera en que un cazafantasmas encerraría un fantasma en una caja del tamaño de una novela.

Por oscuridad entiende el creador de la serie dedicada al Departamento Q, el departamento de la policía danesa que lidera el gruñón Carl Mork, el abuso de poder. Porque, asegura, todas sus novelas “tratan algún tipo de abuso de poder”. La última, ‘Expediente 64’ (Maeva), el de un psiquiatra.

En concreto, el psiquiatra Christian Keller, ideólogo de las instalaciones que albergaba el islote Sprogo, lugar en el que se encerraba a mujeres de dudosa reputación (prostitutas, promiscuas) y aquellas que se creía tenían un leve retraso mental, para impedir que se reprodujeran. Algunas de ellas eran incluso literalmente secuestradas para ser trasladadas a ese lugar, del que únicamente podían salir si accedían a ser esterilizadas. “Todo por mantener la raza”, sentencia el escritor.

Se cree que el asunto de la limpieza étnica lo inventaron los nazis, pero no fue así. Lo inventamos nosotros, los escandinavos“, sentencia el escritor, hijo de psiquiatra, que recuerda haber pasado junto al islote en cuestión al menos dos veces al año desde que era un crío.

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