“Erich el zurdo”, de Domingo-Luis Hernández, por José Luis Muñoz

Por José Luis Muñoz

Es Erich el zurdo una novela difícil y, a pesar de ello, atrapa en su laberíntica trama. ¿Por qué? No se puede explicar: magia.

¿Género negro? Sin duda, porque los personajes que pululan por ella, que giran en torno a Teodoro Raúl Sosnowssky-Quintana Pérez Robayna, y él mismo, asesino fratricida, son los que se suelen encontrar en ese tipo de literatura: asesinos de crímenes salvajes, policías que investigan, misteriosas mujeres tan bellas como hieráticas…Novela de paisajes múltiples – Canarias, Barcelona, Cuba -, de espejos que duplican imágenes, de impostores y, sobre todo, de indagación literaria. Un cóctel adictivo que emborracha según se avanza en su lectura, que funciona como una droga que metemos en vena.

Erich el zurdo, segunda novela del tangerino, profesor de literatura y agitador cultural canario Domingo-Luis Hernández, es cinematográfica en su esencia. Juega el autor con un crisol de imágenes que se mueven a su antojo formando vistosos calidoscopios en donde el lector se siente perdido como sus personajes. Novela en donde todos son perdedores y se centra en el fracaso vital absoluto.

La estancia se llenó de un extraño estupor. Teodoro Raúl hizo conjeturas sobre la muerte y se interesó por la duración del apagado del cerebro de un hombre. Se preguntó en voz si un moribundo distingue las luces que se apagan lentamente en su cerebro.

Tiene esta novela negra y ditirámbica mucho que ver, en mi opinión, con el cine de Godard, el de Pierrot Le fou, con La dama de Shangai de Welles, por su juego de espejos, o con el Lars Von Trier hipnótico de Europa. Y es lo más parecido a una pieza de jazz de Charlie Parker, libérrima, bella, ensimismada en si misma.

Imposible tratar de caminar recto por una trama tortuosa en la que irremediablemente nos perderemos, como sus personajes o el propio autor. Hay que dejarse llevar por una cascada de imágenes, sugeridas por prosa precisa, que siempre nos remiten a una literatura con mayúsculas. Meterse en sus círculos, girar dentro de ellos, morir, matar, soñar y amar.

La mujer hizo un ligero movimiento para ajustar la cabeza en el brazo del hombre y cerró los ojos. Teodoro Raúl giró el tronco y desde la ventana del vehículo vio dibujos en una ciudad que apretaba su espalda como el peso del mundo. Precisaba convencer a Ascirna de lo que debía convencerla. Punto y final.

Erich el zurdo es una novela inclasificable, osada, experimental y provocadora en una época en la que todo es sencillo, líneal y nada nos sorprende. Leer la novela de Domingo-Luis Hernández es participar en un excitante experimento literario que hace de su abstracción uno de sus principales leit motivs. El escritor tangerino/tinerfeño congela el tiempo, ralentiza la acción, mima el detalle, indaga dentro de la mente humana, habla de culpa y expiación y, sobre todo, recrea una atmósfera opresiva. En definitiva literatura en estado puro, destilada con suma lentitud, baile de palabras y deconstrucción de frases. Un ejemplo de todo lo que cabe en eso que llamamos género negro: todo.

Erich el zurdo
Domingo-Luis Hernández
La Página Ediciones

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