Grave suspense de la pluma de Denis Lehane

Dennis Lehane ha construido su novelística con un escenario gris, Nueva Inglaterra, y una pesadilla de padre protector. RBA ha traducido (o Ramón de España, que firma la labor) ‘Dame la mano, oscuridad’, por ‘Abrázame, oscuridad’. Así, han acentuado (¡incluso carnalizado!) el anhelo, la pasión de negro y gótico de la segunda investigación de los detectives Patrick Kenzie y Angela (‘Angie’) Gennaro, pareja detectivesca. Pero no casados, como Nick ‘El Griego’ Charles y Nora, en ‘El hombre delgado’, de Samuel Dashiell ‘Dash’ Hammett. Quedan entre amigos y otra cosa, como en las teleseries ‘Luz de luna’ y ‘Remington Steele’. Disculpen esta ochenterada.

Pesadilla de padre protector, hemos dicho. Por todas las esquinas de esta novela prolija en esquinas de acecho está el trauma del niño violado, maltratado, o difunto de ‘Mystic River’. Naturalmente, aquí la clienta que contrata a Kenzie miente en algunas cosas, como todos los clientes de detective, pero su verdad es proteger a su hijo de unos gángsters. Con ella hay aquí muchos más padres desgarrados, y niños en las charcuterías siniestras de la trastienda del mundo diurno. El mismo Lehane menta a los hermanos Grimm, por los ogros. Unas veces están los niños muertos en el paisaje gris, de refilón; otras se plasman en parlamentos concretos, con los ojos en brumas. Una cosa, el dolor de niño, que hiede en el barrio irlandés de Dorchester, en Boston.

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