“Bares nocturnos”, de Juan Madrid, por Jesús Lens

Qué bueno. Aunque no sea su protagonista principal, el gran Toni Carpintero tiene su papel en “Bares nocturnos”, la última novela de Juan Madrid, el escritor madrileño afincado en Salobreña desde hace unos años.

Y es que Toni, para nuestra educación sentimental, en clave negra y criminal, es un personaje capital, que nos acompaña desde hace ya largos treinta años que, sin embargo, se nos han pasado en un suspiro. Desde los tiempos de “Beso de amigo”, publicado allá por 1980, Toni Romano ha sido impenitente e implacable testigo de una España a la que, efectivamente, ni la madre que la parió reconoce ahora mismo.

En unos casos, para bueno. En otros… para menos bueno.

Por ejemplo, la modernidad rampante condena a la desaparición a esos bares nocturnos que sirven de título a una novela que, como todas las buenas novelas negras, tiene su necesaria dosis de sociología y de realismo costumbrista, sirviendo para conocer, un poco mejor, la España en que nos movemos, pero no solemos ver. La de las calles oscuras en las que Zara nunca pondrá una tienda. La de los locales comerciales por los que las cadenas de hamburgueserías nunca se pelearían.

Una España de morosos y timbas ilegales, en la que empresarios de medio pelo no quieren pagar la farra con que agasajaron a unos buenos clientes. Una España que echa el candado de “Cerrada por decrépita”, pero que, con la crisis, no se puede permitir el lavado de cara, la rehabilitación y la reinauguración con fuegos artificiales a que nos habíamos acostumbrado en los tiempos de la burbuja y la especulación.

Menos mal que Juan Madrid concede segundas oportunidades. A los locales y a sus protagonistas:

Estuvieron un rato sin hablarse. Ella apretujada contra su pecho, sintiendo los latidos fuertes de su corazón, sabiéndose en territorio amigo, pensando en la manera en que había perdido la juventud, había dejado pasar los meses y los años, uno a uno, hasta llegar ahora al principio de todo. Al comienzo, cuando se conocieron treinta y ocho años atrás.”

La trama de “Bares nocturnos” parte, sin embargo, de un robo de diamantes que le encargan a Silverio, un desvalijador de habitaciones de hotel, reformado y reciclado en cobrador de morosos para los Draper, padre e hijo. Un robo de diamantes que, además de enriquecer a sus perpetradores, contribuirá a reparar el daño hecho por un sátrapa africano en su país, durante las revueltas de la Casamance.

Entre la preparación del golpe, las dudas y los recelos por el mismo; entre el inexorable cierre del Burbujas, un famoso bar nocturno que apura sus últimas horas y el cobro de morosos, primas y porcentajes avanza una narración que llega a un precipitado final que, suponemos, permitirá a Juan Madrid seguir con esta relectura de la España del AVE y la modernidad, desde la óptica de quiénes nunca cogerán el famoso Tren de Alta Velocidad, sobre todo, por preferir pájaro en mano antes que ciento volando.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo/

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