“Cuando el antro sagrado cierra”, de Lawrence Block, por Jesús Lens

Una de las mejores novelas que he leído en los últimos años fue “Baile en el matadero”, de Lawrence Block, publicado por la Factoría de Ideas. Y eso que, cuando en las frases publicitarias que acompañan al libro, en la cubierta o la sobrecubierta, lees cosas como “el sucesor de Chandler”, malo. Chungo. Sospechoso.

Sin embargo, cuando leí aquella historia de Matt Scuder, pensé que, independientemente de sucesiones y herencias más o menos legítimas, pocas novelas con tanta fuerza como ésa, con un paisaje urbano muy reconocible, palpable, denso, real, perceptible… Entonces, Matt Scuder ya no bebía. Y no beber era un ejercicio consciente, duro e implacable que consumía buena parte del tiempo y las energías un Matt cuya soledad era, también, casi contagiosa, transmitiéndose desde las páginas del libro al lector.

No sé por que he tardado tanto en volver a leer a Lawrence Block, máxime cuando es el guionista de una película tan maravillosa como “My Blueberry Nights”, demasiado menospreciada para lo mucho que ofrecía. Y, además, es el autor de “Ocho millones de maneras de morir”, cuya adaptación cinematográfica, muy lejana en el recuerdo, me dejó un estupendo sabor de boca.

Así las cosas, me adentro en “Cuando el antro sagrado cierra” en la más absoluta confianza y seguridad de que no me va a defraudar. Es como cuando entras en el bar de toda la vida, donde los camareros te conocen y saben qué vas a tomar. Te saludan por tu nombre y, al grito de:

– ¿Lo de siempre?

te sirven tu bebida, sin que tengas necesidad de pedirla.

Y la comparación con los bares no es gratuita, como el título de la novela os habrá hecho suponer. Porque “Cuando el antro sagrado cierra” es, de todas las miles que he leído, la novela que más y mejor ha descrito, tratado, contado y transmitido el mundo del alcohol, la noche, los bares, las copas, la soledad del bebedor de fondo, los compañeros de farra, las borracheras, las resacas, las lagunas en la memoria…

Porque Matt Scuder bebía. Y mucho. Antes de hacerse abstemio e ingresar en Alcohólicos Anónimos, Matt bebía con auténtica pasión. Desaforada. Por eso, después, el no beber le consumía tanto tiempo. Y empeño. Porque cuando bebía, lo hacía salvajemente. No en el sentido de beber hasta vomitar, perdiendo el sentido y la consciencia, en plan adolescente kamikace o suicida potencial. No. Digamos que era el prototipo de la consigna “beber es cuestión de método”.

Hay pasajes en que Block cuenta cómo su personaje no tenía previsto tomar ni una copa, pero cómo sus pasos le llevaban, de forma mecánica, a un bar. Los conocía todos. Y a él le conocían en todos ellos. Y él a los dueños, camareros y clientes habituales. Y ellos a él. Una vez que Matt dejó la policía y su mujer se llevó a los niños, el único sentido de sus días era matarlos. Y, para eso, nada mejor que beber. Así, la narración de un fin de semana en la vida de Matt es tan amarga y desoladora como la tarde de un domingo de verano en mitad de la ciudad, abrasada por el sol, sin una sombra bajo la que cubrirse, sin nada que hacer.

Y, sin embargo, la lectura de su vida, su actividad, sus charlas, sus encuentros, sus pensamientos… son adictivos. Quizá, porque podrían ser los de cualquiera de nosotros, si la vida se nos pusiera cuesta arriba.

– “¿Y la trama?”

Seguro que pregunta alguien.

Y sí. Claro que hay una trama, un caso que investigar, unos robos, unos chantajes, algún muerto… Pero la clave no está en todo ello, ni en cómo se resuelve o en quién es el culpable. La clave está en Scuder, en cómo se conduce, en cómo se maneja, en cómo bebe, en cómo vive.

Sé que con esta reseña, flaco favor le hago a “Cuando el antro sagrado cierra”, que no os veo saliendo en manada a comprar el libro. Pero, si queréis un bocado de realidad, si queréis sentir el aire viciado de algunos de los garitos más auténticos de Nueva York, tenéis que pasar las páginas de la modélica novela de Lawrence Block.

Y, por mi parte, no volverán a pasar tantos meses, antes de sumergirme, nuevamente, en la hipnótica prosa de un autor descomunal.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo/

2 thoughts on ““Cuando el antro sagrado cierra”, de Lawrence Block, por Jesús Lens

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