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Por Jesús Lens Espinosa de los Monteros
Hay novelas que te van gustando pero que, a medida que te acercas al final, te empiezas a preguntar:
Porque mira que es complicado, dar con un buen final.
“Shahmarán”, de Jon Arretxe, tiene uno de los mejores, poéticos, necesarios y esenciales finales que he leído recientemente. Un final de los que, al cerrar el libro, te dejan cara de bobalicón, con la mirada perdida en el espacio, como si estuvieras soñando despierto. Un pedazo de final, vamos.
Como buena parte de los libros que vengo leyendo estas semanas, “Shahmarán” me captó en Semana Negra. Estuve en la presentación que hizo mi amigo Joserra y… ¡voilá! En pocas palabras, la cosa iba de un sicario kurdo en Estambul.
Ya está.
Los que me conocéis sabéis que hay algunas palabras que me hacen salivar con locura y pasión. Estambul es una de ellas. Si, además, le adjuntas el término “novela negra”… pues ya está. Es como el famoso diálogo aquél:
Me encanta Estambul y me encanta leer sobre Estambul. Y, sin encima le metes una trama negra… ¡la leche!
Pero es que, además, Arretxe me convenció. Es decir, ¿qué hace un tío de Basauri, doctor en Filología Vasca y licenciado en Educación Física, escribiendo una novela negra protagonizada por un sicario kurdo en Estambul? ¿No os parece sospechoso?
Pues no. Resulta que Jon, entre otras muchas cualidades, atesora la de ser un viajero impenitente. Viajero. Que no turista. Si tal es posible, en los tiempos que corren. Un tipo que se larga a Turquía y se aloja en una pensión para recorrer las zonas típicas, claro. Pero también las otras. Esas por las que nunca pasan los ojos acelerados del turista contemporáneo. Esos barrios en los que vive la gente. Corriente. Y, con su ordenata a cuestas, escribe en la pensión. O en el café. O en un ferry. Y, por eso, su prosa destila realismo y respira verdad. Y credibilidad.
A fin de cuentas, la historia de un sicario kurdo con una madre a la que cuidar y dos hermanos en Alemania, es la historia de una Turquía contemporánea y de una Unión Europea contradictoria en sus afectos y sus temores. Una historia universal, por tanto.
En apenas doscientas páginas, que se leen a una velocidad vertiginosa, Arretxe nos envuelve en una trama que avanza a velocidad vertiginosa hasta terminar en el único final posible. Ese final del que hablábamos al principio y que no deberíais perderos.
Por cierto, enhorabuena a la editorial Erein por poner en marcha su colección Cosecha Roja, de la que “Shahmarán” es el primer título de, esperemos, una larga serie de novelas negras escritas por autores vascos, pero con inequívoca vocación universal.
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