La Balacera nació el 9 de mayo de 2003 con la intención de mantener puntualmente informados a los amantes del género negro en todas sus manifestaciones (novela, cómic, cine…). Espero que sea de tu agrado y que la visites a menudo, ya sea directamente a través de este blog o de sus "sucursales" en Facebook y Google+. O, si lo prefieres, puedes seguir las actualizaciones (y más) a través de Twitter.
Lorenzo Silva | Madrid
Allá por 1951, Georges Simenon publicó un librito singular titulado ‘Les mémoires de Maigret’. En él, a diferencia del resto de la serie de su célebre comisario, no se investiga caso alguno. En contrapartida, su lectura nos permite conocer la psicología y las interioridades del personaje, que en sus páginas se revelan, quizá, como en ninguna otra de las novelas que protagoniza.
Viene a la memoria esta rara pieza de la serie ‘simenoniana’ al leer ‘Un buen detective no se casa jamás’, la segunda entrega de la serie del inefable detective gay (perdóneseme la incorrección política, pero esta condición se resalta lo suficiente en la narración como para no considerarla accidental o secundaria) Arturo Zarco, creado por la escritora madrileña Marta Sanz en su anterior y justamente celebrada novela, ‘Black, black, black’.
En efecto, el contexto de la historia que este libro nos propone, y que tampoco, como en el caso de la novelita citada de Maigret, encierra propiamente una investigación, son los días de asueto que Zarco, convaleciente de sus varios y simultáneos descalabros sentimentales (donde caben tanto sus desavenencias recientes con su joven novio Olmo como su nunca resuelta relación con su ex mujer, Paula), decide ir a pasar junto a una vieja amiga, Marina Frankel, en el ‘riurau’ que posee su familia en los alrededores de la algo surrealista ciudad de Benidorm.
Sigue leyendo en El Mundo